EL ABRAZO



Camino rompiendo el silencio de la noche. Y mi alma es tan sombría que parecen morir las farolas a mi paso. Es una noche para el suicidio y la metrópoli está llena de cadáveres que caen de los tejados como granizo golpeando a mi alrededor.
El olor de tu sangre, el tacto de tu cuello y tu manera de gemir terriblemente bella mueven mi cuerpo hasta escuchar ecos de otros tiempos. Cuando era hombre y podía recordar la belleza del agua. Pero ahora solo me importa la sangre. Y cuando te veo salir de ese antro después de bailar y ser feliz, una sensación recorre mi cuerpo, de tal forma que creo que podría llorar. Pero yo no lloro. La que va a llorar vas a ser tú. Mi mente está lista. Mis músculos tensos como una negra pantera acecha. Y justo abres el coche y te metes en la trampa. Ahora no puedes arrancar. Vacié la batería con premeditación. Ahora nadie te va a librar de tu destino. Corro hacia ti en la tiniebla. Rompo la ventanilla y te agarro del cuello sacándote medio cuerpo del automóvil. Y en el momento en que voy a abrazarte a la oscuridad. En el momento en que mis afilados colmillos se clavan en tu piel. Una sensación extraña nubla mi mente y pienso que la compasión sólo sirve para dar alas al débil. Pero quizás en ti son alas de ángel. Y eso es lo que nubla mi mente: que sigo amándote aunque me condenaste a las sombras. Que aún siendo vampiro, sigo amando. Pero es tarde, mis colmillos se hunden en tu piel, en tu cuerpo, en tu alma. Una grave excitación recorre mi sistema nervioso. Mi vello se eriza electrificado. Melodías divinas resuenan en mis oídos y tus pupilas se abren al abismo indescifrable.

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