8 de noviembre de 2015




Mamá,
hay un hombre que llora
ha marchitado las últimas flores,
y en su rostro se adivina
algo peor que la locura.
Hay un hombre que llora
porque ha perdido su chaqueta
con una nota de suicidio y la última rosa.
Mirad,
por ahí va el hombre que camina las sombras.
Su rostro no tiene edad
y tiene el tamaño justo
de la mancha de sangre en la pared,
de la cuchilla, del mar y del veneno.
Mirad todos al hombre que llora.
No tiene máscara y le duele la luz,
pero en el fondo es un gran alpinista.
Mirad en el fondo de sus ojos
como le abandona la vida.
Mirad en el prisma de su alma
como se destruye una vida.
Camina y retrocede.
Ahora canta. Ahora calla.
Mirad en el borde de sus labios la verdad.
La verdad del condenado.
La verdad del culpable.
La verdad.
Cae el último pétalo de su espalda.
Ya no tiene llanto que ladrar.
En el espejo de su sombra
hay tierra sobre una fosa.
Sin flores,
sin adornos,
sólo sangre.



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