EL ÚLTIMO POEMA


I. PARA ABRIR EL ABISMO

Aferrado como estoy a ninguna parte,
cuando quiero evadirme, 
sólo una pregunta es suficiente
para abrir el abismo:
¿Dónde vas a ir a buscar tu canción?
¿Dónde vas a escribir tu último poema?
El que diga todas las cosas que son verdad.
No quiero mirar de frente las horas muertas
como un tranvía en una estación abandonada
a las patadas, al frío y a la soledad.


II. LA SOLEDAD

La soledad, por si no lo saben,
es un espíritu malvado que,
cuando miramos hacia adelante 
clava en nosotros su aspera desesperanza.
No quiero ser un pasajero de ese tren.
¡No quiero ser un pasajero de este tren!
Ver morir las hojas del calendario
como fotografías antiguas
que han cambiado de color.


III. EL REMORDIMIENTO

Son pálidos recuerdos
los que vienen a mi mente marchita
Sí, ese luminoso Edén de la niñez:
Mi madre con sus manos suaves 
doblando las sábanas,
el primer beso que me dieron
y también las patadas.
Tenía un sueño en la niñez:
Quería levantarme y hacer todas las cosas bien
desde aquel ahora hasta el final de mis días.
Supongo que soñaba con ir al cielo.
Luego vino la realidad de un día tras otro
acumulando faltas, deudas, golpes, errores;
remordimiento al fin.
Quería ser santo. 
Quería ser perfectamente bueno.
Pero el corazón alberga siniestras rutas
hacia el mal. el odio y la destrucción.
Y así durmió mi pensamiento,
no sé ya cuanto tiempo
que recuerdo aquel lejano sueño
como el sueño de otro.
Otro que no fui yo.

IV. DESPERTAR

Los sueños son,
para quien quiera saberlo
una maldición de Dios.
Refinadas máquinas de tortura
que cuando despertamos
se disparan en nuestras sienes.
Despertar de los sueños,
busquemos el último poema escrito,
el que dice todas las cosas,
que responde a todas las preguntas.
Y dejemos de evadirnos,
en la estación de la soledad.
La realidad es aquí y ahora.

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